No pusimos el punto. Pero se nos fue el interés, los sueños se perdieron desde aquella vez.
 Las miradas guardan cierto rencor. Y en cada encuentro la fuerza de la pasión, 
la violencia permitida, los insultos al natural... parece todo decir algo más. 
Pero a penas la tristeza se abre paso en tu rutina, entiendo que estoy en frente tuyo. 
Cosita insignificante, a la que intento proteger de la vida.
De una vida que me come a mí. 
Poco a poco. Paso a paso. 
Por cuidarte a vos.




“¿Te acuerdas de mí?, no soy más que el mismo flaco de siempre, con un conato de panza que me está haciendo lucir como luce una soga cuando en medio tiene un nudo.
El pelo un poco más corto y una tos de cigarro que me despierta en las noches. Vivo en el mismo lugar, calle Mártires 28 y aún conservo la cama que fermenta tu humedad.
El mismo lunar, en el sitio donde tú ya conoces. Voy al mismo bar, para ver si asesino mis noches y entre una nueva cana y el deseo de encontrarte, se me gasta la vida.
Ya probé con el yoga, el harikrishna y vudú. Ya probé con un brujo, un adivino y un gurú, pero me sigo poniendo viejo, me lo dice cada día el espejo… y tú no apareces por ninguna parte.
Mi trabajo muy bien, hasta me han aceptado como miembro master card, y leo más el lado izquierdo que el derecho en los menús. Me he comprado un auto ya no viajo en autobus.
¡Pero te extraño a rabiar! al extremo de que nuestra cama no la he vuelto a usar, y si me cae una aventura la revuelco en el sofá, por no herir el recuerdo que se anida entre el colchón.
Soy el mismo de ayer, aunque ya no respondo como antes, ¡me tendrías que ver! cuando ya no se encumbra el deseo, y entre charlas de Borges y de García Márquez busco un mejor momento.
Ya probé con el yoga, el harikrishna y vudú. Ya probé con un brujo, un adivino y un gurú, pero me sigo poniendo viejo, me lo dice cada día el espejo…
...y tú no apareces por ninguna parte.


Ricardo Arjona
¿Pensarlo como justo o injusto? Como si fuera una cuestión de números, de exactitudes. Absurdo. Como si con lo nuestro, en más de una oportunidad, no nos hubiera sobrado cuando el resultado debería haber sido menor. O viceversa. Digo, como si nunca nos hubiera faltado para llegar a lo ideal, a lo esperado (¿a lo deseado?).
¿Lo ideal?, ¿y como entenderlo?, ¿cómo saber de que trata? si miles de veces sentí explotar de felicidad. ¿No tendría eso el derecho de equivalencia con lo máximo de lo máximo? Seguramente estoy exagerando, seguramente es así. Pero es que no me quedan dudas de lo que fuimos, y no creo que exista algo mejor. Para nosotros, en ese momento. Para vos y para mi, cuando no entendíamos. No es que ahora tenga en claro todo, pero creo que me encuentro en un lugar más seguro, en un sitio donde me lastimo menos. Y es suficiente con eso.
Y recordar tu risa, y el sonido de las olas en el mar. Y acordarme del sinfín de complicidades y de todo lo que quedó allá. Si hablara algo de eso que no habla.. pero solo vos y yo sabemos.
Ese rato antes de irnos a dormir, los desayunos y las peleas por quién se bañaba primero. Las comidas y las noches en la playa. Tu perfume viviendo conmigo y en mí. Las excursiones, la música, los amaneceres. Nuestros paisajes.
Son nuestros.
Y si hoy conozco de la sutil diferencia entre acostarse y dormir con alguien, es por vos. Por vos y por las tantas noches en que dormimos tocándonos la punta de los dedos, y éramos felices. Tenía sentido levantarse junto al otro. Y lo sabes más que yo. No se compara al vacío de la descarga a la que no le sigue nada, de nada. No existe sentimiento. Y me lo decís haciendo referencia a muchas. Hasta siento algo de lástima por ellas.
Porque caprichosa, desastrosa, insegura, histérica, atrevida e infantil, vos me querías así. Porque yo te elegía en iguales condiciones, indefenso desde el comienzo. Y porque intentamos curarnos de la vida y pagamos con el precio del amor, es que te debo tanto.
El lugar que tenes en mi vida no te lo saca nadie, el lugar que me gané en la tuya se ríe de todo lo demás.


"Amor mío, no te quiero ni por vos ni por mí ni por lo dos juntos, 
no te quiero porque la sangre me llame a quererte, 
te quiero porque no sos mío, porque estás del otro lado, 
ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, 
porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, 
no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, 
hay horas en las que me atormenta que me ames." 
(J. Cortázar)

Prendíamos la televisión con la excusa de informarnos sobre lo que ocurría durante el día, y resulta que coincidía con el momento en que todos estábamos sentados en la mesa. Coincidía con ese instante, con el único en que coincidíamos nosotros. Sino no nos veíamos, no estábamos. Cada uno era un mundo distinto en la propia rutina. Pero todos los días prendíamos la tele, porque todos los días nos sentábamos en la mesa. Y ese era un momento especial. Cada uno rompía su propia burbuja y se ponía un freno para mirar a la cara al otro, para compartir un poco. Para respirar un clima familiar. 
Éramos felices. De lo que no nos dábamos cuenta era de que, muchas veces, algo tan estúpido como los medios de "información", mediatizados por la televisión, nos robaban ese instante, no plenamente valorado, que pasaba a ser no tan nuestro. Sino de ellos. 

Y hoy seguimos prendiendo la televisión, y seguimos compartiendo los almuerzos, pero ya no tan ingenuos. Ya no la encendemos para enterarnos de lo que pasa afuera. La prendemos para no tener que hablar de lo que pasa por adentro. Y ya no somos tan felices.


Las cosas nunca están tan mal. 
Hasta que pasan a estar peor.
No iba a volver a ser él. Lo que no significaba que sus complejos se fueran con la su decisión de dejarlo. Que algo se extendiera por tantos años no iba a ser sin consecuencias. Las marcas ya estaban en la vida de ella, en su piel, y en su historia.
Su historia. Lo más complejo de todo, y suficientemente difícil para que no le permitiera entender porqué con él. Porqué no había dado la posibilidad a nadie más. Esa alternativa de sacarla del círculo de sus problemas, para después arrojara al fondo de dolor sin explicaciones. Tal y como siempre lo hizo él. 
Y definitivamente hay veces en que querer no es poder, y existe la inevitable presencia (y pugna) de otra cosa que nos lo hace entender. Y enamorarte otra vez bajo las mismas condiciones, y repetir, y sufrir los mismos problemas, cayendo por quinta décima vez con la misma piedra. Y llorar lo que ya lloraste. No es elección. Y desde lo manifiesto uno no sufre porque le gusta, uno no fuma porque quiera enfermarse, uno no mira el hilo que lleva a la muerte con una complacencia tal que pueda entender. Pero simplemente no deja de hacerlo. Y gracias a la complejidad de la que somos dueños, nos creamos otra fuerza que nivela el problema, que quiere aferrarnos a la vida. Que busca salvarnos. Y en ocasiones lo logra, y en ciertas oportunidades me permite escribir ésto. Antes de volver a aquello.
Y a esto llamo vivir.


Y si miraras para atrás, ¿que lograrías ver? ¿que se tornaría descifrable? Por fin, tal vez, podrías entender. Y así todo resultaría estar relacionado. Aquello que no explicabas se sujetaría con vigor de alguna otra cosa, que tenía importancia, que colma de sentido a lo inexplicable, aún hoy. 
Un detalle, una palabra, alguna regla, aquella concepción. Algo que en un determinado momento cobró el peso necesario para atraer sobre sí a lo que iba a continuar. Así tus decisiones fueron precedidas, tienen rastros y dirigen a otro lugar. Siempre para atrás.  

Existe un punto de convergencia entre el hoy y el ayer. Un punto de encuentro que a veces duele.




Rain

Llueve con la fuerza de la vida. Con la fuerza que impulsa a querer ganárnoslo todo. Con el mismo potencial que tienen las palabras para devolvernos al mundo. Llueve. Con la magnitud de los recuerdos tatuados en nuestra historia. Con las ganas de gritar las palabras calladas. Llueve con la fuerza de un gigante. Con la fuerza del olvido que no perdona. Con el peso del dolor no procesado. Con la emoción por la felicidad más plena. Llueve en momentos, llueve en sensaciones. Con la fuerza de la naturaleza. Llueve así, llueve mientras tanto. Llueve de seguido. Con la potencia de la soledad. Con el rigor de la verdad. Llueve sin parar.
Y afuera sigue igual.
(Adentro tal vez calmó.. un poco).


¨

La naturaleza del hombre es egoísta. Es destructiva y es descontrolada.
La cultura, la religión y el proceso de institucionalización, junto con cada norma, dan cuenta de eso. Durante siglos fueron, y siguen siendo, testigos, causas y consecuencias del desenfrenado manantial de nuestros instintos.
Cuando me limitas es porque algo de eso que puedo hacer te pertenece. 
El orden es artificial. La cultura es una creación que nos protege. Nos protege del otro.

Y te protege de vos.


loveyourself

me acostumbré a llevarte conmigo, aunque a veces sea a mi pesar. porque no puedo avanzar sin que estés. es cruda la verdad.
nunca conseguí soltarte, ni establecer distancias entre las dos. sos inevitable, y desde tiempos inmemoriales, mi única opción.
y estoy determinada por tus decisiones, por tus circunstancias, por tus formas. por lo que te pasó y por lo que no. por lo que quisiste, por lo que sufriste. por todo lo que te afectó.
y siempre va a ser así, siempre voy a llevarte por dentro y por fuera de mí. para quererte y para odiarte. para sostenerte, para cuidarte.
porque sos vos, porque soy yo.
¡y porque nunca vamos a estar solas!


tiempos lejanos

El perfume de nena y ese abrigo sobre mi piel. Casi lo distingo, de un rojo enfurecedor.
La noche, la velocidad del auto y la ventanilla de escenario. La vida en la infancia, cuando no se entiende nada.
La música y su vuelo, recostada y casi me duermo. Sin imaginar nada, sin planear en absoluto. Sin perturbar a mi mundo. Desconociendo el sitio donde iba a estar hoy. O tal vez rozándolo... con la punta de mis dedos, con el borde de mis pensamientos, con un lado de mi vida..





Tu canción preferida. Tu examen reprobado. Tu jardín de infantes. Ese viaje familiar. El libro que podrías leer otra vez. El perfume de tu mamá. La noche que te pasaste llorando. Tu pasatiempo. Tu primera vez. El consejo de la abuela. Tu primer sueldo. El nacimiento de tu hermano. Esa emisora de radio. Tus miedos. La calle que da a tu casa. Ese día que no vas a superar. Tu escritor preferido. El recital que más esperaste. La pérdida del objeto que más cuidaste. El mar. La navidad del 2000. Tu primer novio. Tu apodo de chico. Los ojos de tu perro. El tatuaje en tu piel. La discusión mas fuerte. Los castillos de arena. Ese juguete y las ganas de seguir jugando. El brindis de año nuevo. Las milanesas de mamá. La parte de tu cuerpo que menos te gusta. El aliento de papá. La vez que te mintieron. Cuando te fuiste de tu casa. Las etiquetas puestas en vos. Los aplausos en esa exposición. El día que sentiste que valió la pena. La charla que arregló todo. El abrazo de un amigo. La verdad que preferías no saber. La vez que te enamoraste. Tus carátulas de primer grado. La reuniones por el viaje de egresados. Tus calificaciones. Tu primer auto. La carta más profunda. El regalo inesperado.


Un mundo así de encadenado. A cada instante un poco más. 
Vas, venís, te redefinís. No existe nadie igual.
Tu vida tiene el peso de todo eso y de mucho más.
Tu historia.
Tu memoria.
Tu trayectoria.

(Tuyas desde siempre, 
tuyas para siempre)

Todo eso que viene a resignificar mi dependencia primera. La mirada, la caricia, la imagen que dio como resultado mi unidad.
Unidad por juntar. Reunir lo fragmentado, lo que comienza estando separado. ¿Y termina ubicado?, ¿encaja sin problemas?, ¿no se desintegra?
Hipótesis flotante. En cada vínculo buscamos conformarnos como en aquel momento.
La mirada que regalas me devuelve algo. Cada parte de mi cuerpo que tocas revive un poco. Me acuerdo que mis labios son labios y de que siento el contacto. Que tienen una función. Y así con todo.
Por vos me acuerdo que soy un recipiente de emociones, de palabras, de pensamientos. Míos y de los otros. Míos y de todos. De mis situaciones. De las circunstancias.
Mis partes aisladas que volves a juntar. Vos, él, eso y aquello.

Unidad de infinitos componentes.